Esta escultura conmemorativa nace a partir de la idea inicial de entender la escuela como la casa de todos: un lugar de acogida, un puente y un nexo de unión entre el centro educativo y su alumnado. Esta primera noción, de marcado carácter arquitectónico, se refuerza con una segunda idea fundamental: la educación como pilar estructural sobre el que se construye el futuro de cualquier sociedad.
El proceso comienza con el análisis de la base, entendida como elemento esencial. Todabuena construcción se apoya en un acimentación sólida. En este caso, se opta porel granito de Los Pedroches (Pozoblanco), un material noble y duradero que actúa como metáfora de la educación como fundamento imprescindible para edificar el futuro. Esta baseno solo sostiene la composición, sino que genera un espacio de recepción para la placa conmemorativa, situada de forma central para subrayar su protagonismo simbólico. Sobre esta base emergen, en uno de los vértices, dos pórticos plegados que reinterpretan formalmente la “M” del logotipo de Magisterio y evocan la silueta de la bahía. La textura del granito, propia de una roca ígnea plutónica, remite sutilmente al color y a la materialidad del mar que rodea el Peñón, reforzando el vínculo entre la pieza y su contexto.
En definitiva, la escultura se concibe como una arquitectura abierta y en permanente construcción, reflejo del propio proceso educativo. En ella, la relación entre vacío y lleno adquiere un papel determinante, otorgando protagonismo al espacio, al recorrido y a la experiencia del usuario por encima de la pieza entendida como objeto autónomo. De este modo, el conjunto trasciende su condición escultórica para convertirse en un soporte simbólico y espacial que materializa los valores de la educación como estructura viva y compartida.

